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Las primeras páginas podrán resultar un tanto tediosas, y es porque así fue la historia de la Patagonia, los viajes eran largos, las comunicaciones prácticamente inexistentes, pocos acontecimientos eran publicados; pero no me abandonen, a medida que sigan leyendo, se pone más interesante. Notarán un período durante el cual parecen faltar páginas. A medida que avanzaba, notaba ese vacío histórico y buscaba afanosamente los libros que no había leído. Pero ese vacío es así, corresponde a la estrategia de los gobiernos militares y dictatoriales que no tenían interés alguno en que el pueblo se enterase de cómo eran las cosas. En Argentina, coincidió que el país salía de su período de ocultismo con el advenimiento de la Internet, es por eso que de pronto la información nos llegó toda junta, apabullándonos. A partir de 1998, comienzan a mezclarse hechos reales con otros que no lo son, y a partir del 2002, es todo ficción. Pero el 90% de este material es rigurosamente histórico. No utilizo el término
“porteños” de manera peyorativa, ni me refiero específicamente a los
ciudadanos de la ciudad o la Provincia de Buenos Aires. “Porteños” es un término
genérico para personas, poderes, empresas, mafias vinculadas a la Aduana, al
puerto y más recientemente, a los aeropuertos. “Familias patricias” vendrían a ser aquellas que utilizaron a la Nación Argentina, su pueblo y su territorio como un coto privado de caza. Y no necesariamente eran de apellido extranjero. No encontrarán mucho, casi
nada sobre San Martín y Belgrano, porque este libro se refiere mayormente a los
que llamo “héroes sin bronce”. Nuestros próceres máximos no necesitan más
marketing. Mis propios comentarios se encuentran en tipografía de menor tamaño. Recopilar la historia de Patagonia e imaginar su futuro fue para mí un ejercicio sumamente gratificante. La idea es incentivar reflexiones acerca de lo que fue y es, y variantes sobre lo que puede ser, para que los ciudadanos patagónicos evitemos nuevos “ductos”, seamos protagonistas; toda emancipación es dolorosa, lo fue en 1810 y cuando cada uno de nosotros se independizó de la tutela de sus padres, pero tarde o temprano, es natural que así ocurra. No luchemos “contra” la Naturaleza; siendo sólo una de sus criaturas, seamos realmente “parte” de ella. Por último, el punto final de esta novela fue puesto el 3 de octubre de 2001.
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